Conocida por millones de personas como Doña Clotilde, la entrañable “Bruja del 71” en el exitoso programa El Chavo del 8, la actriz Angelines Fernández ocultaba una historia personal profundamente marcada por la guerra, el exilio y la lucha política. Su vida real, poco conocida por el público, parece sacada de una película.
Nacida en Madrid el 9 de julio de 1922, Fernández vivió su juventud durante la Guerra Civil Española (1936-1939). Según diversas fuentes, fue simpatizante del bando republicano, lo que la colocó en una posición de alto riesgo tras la llegada al poder de Francisco Franco. Como muchos opositores del régimen franquista, se vio obligada a abandonar su país natal.
Fue en México donde encontró refugio y pudo reiniciar su vida. El país norteamericano, bajo el liderazgo del presidente Lázaro Cárdenas, había abierto sus puertas a miles de exiliados españoles. En este nuevo hogar, Angelines comenzó a forjar una carrera en el cine y el teatro, participando en numerosas producciones a lo largo de las décadas de 1950 y 1960.
Su consagración definitiva llegó en los años 70, cuando el productor Roberto Gómez Bolaños la invitó a integrarse al elenco de El Chavo del 8, programa que marcaría un hito en la televisión latinoamericana. Su personaje de Doña Clotilde, una vecina viuda que despertaba ternura y temor en igual medida, se convirtió rápidamente en un ícono cultural.
Pese a su popularidad, Fernández llevó una vida discreta fuera de cámaras. Amigos y colegas la describen como una mujer inteligente, culta y reservada, que rara vez hablaba en público sobre su pasado como exiliada política. Sin embargo, su compromiso con la justicia social y sus convicciones antifranquistas fueron parte fundamental de su identidad.
Angelines Fernández falleció el 25 de marzo de 1994 en Ciudad de México, a los 71 años, víctima de cáncer de pulmón. Por decisión propia, fue sepultada junto a su gran amigo y compañero de reparto, Ramón Valdés, conocido como Don Ramón, con quien compartió una profunda amistad dentro y fuera del set.
A más de tres décadas de su fallecimiento, su legado sigue vivo no solo en las risas que generó en generaciones enteras, sino también en su historia de resistencia y coraje, que merece ser contada.








