Guadalajara, Jal.— En medio del bullicio de la FIL Guadalajara y frente a un auditorio repleto de jóvenes lectores, Cristina Rivera Garza dejó caer una noticia que emocionó a muchos: su obra El invencible verano de Liliana tendrá una versión documental que ya se encuentra en preparación.
La escritora, nacida en Matamoros en 1964 y una de las voces más influyentes de la literatura en español, habló con una mezcla de serenidad, claridad y firmeza muy característica en ella. Rivera Garza, quien en 2023 se convirtió en miembro de El Colegio Nacional y que el año pasado recibió el Premio Pulitzer en la categoría de Memorias/Autobiografía por este mismo libro, dijo que se reunirá esa misma noche con el director del proyecto para afinar detalles.
Actualmente dirige el doctorado en escritura creativa en español de la Universidad de Houston, un espacio desde el que, asegura, puede seguir escribiendo, enseñando y defendiendo sus convicciones. Su postura crítica hacia la política en Estados Unidos arrancó aplausos entre el público, mayormente joven, que abarrotó el salón Juan Rulfo.
Pero el interés de las y los asistentes estaba centrado en Liliana, la hermana menor de Rivera Garza, asesinada en 1990 y cuya historia marcó profundamente el libro. Sobre la decisión de colocar el rostro de Liliana en la portada, la autora explicó que era indispensable:
“Quería que su cara estuviera en todas partes. No pudieron borrarla. Liliana sigue aquí —como tantas otras— y seguirá”.
Rivera Garza compartió también su visión sobre el poder de la literatura: para ella, un libro puede transformar literalmente el cuerpo y la forma en que habitamos el mundo. Escribir, dijo, es un proceso largo, un ejercicio que exige persistencia y deseo, casi como entrenar para una carrera interminable.
Durante la conversación, una estudiante le preguntó cómo enfrentar la escritura desde la complejidad del mundo actual. La autora respondió que la literatura es precisamente eso: una búsqueda constante de nuevas perspectivas, un intento de iluminar lo que desorienta y, a la vez, una invitación a formular preguntas que quizá abran caminos a otras realidades posibles.
La expectativa por el documental de El invencible verano de Liliana crece. Y si algo dejó claro la escritora en la FIL, es que la memoria —personal, colectiva y literaria— sigue siendo un territorio vivo.









